Son muchos los padres que acuden
a Mundoclases con esta incertidumbre.
Frecuentemente maestros,
profesores y familiares manifiestan su inquietud ante las numerosas
dificultades con que se encuentran a la hora de tratar con niños y adolescentes
que presentan problemas para concentrarse o controlar sus movimientos e
impulsos.
La labor de todos los que
trabajamos por una educación mejor es ofrecer estrategias para que esta
preocupación se convierta en motivación para enseñar y aprender con un método
positivo y constructivo que ayude a los alumnos que presentan problemas de
comportamiento como es el trastorno por déficit de atención con o sin
hiperoactividad.
Javier es un niño de 6 años. Sus
padres están muy preocupados por sus resultados en el colegio y realmente
alarmados por su comportamiento, dentro y fuera del entorno familiar. Nos dicen
que tienen un hijo que no para de hablar, siempre interrumpe las conversaciones
de los mayores, no se está quieto un segundo, se levanta de la silla
continuamente cuando está comiendo, se sube a los muebles... “Es incapaz de
estar cinco minutos tranquilo realizando sus tareas del cole”, “es un verdadero
terremoto, me tiene de los nervios”, nos dice su madre, “no puedo quitarle el
ojo, ni cuando vamos al parque, porque en cuanto me descuido está arrojando
arena a un niño o dándole patadas”. Su padre, muy preocupado, reconoce que la
situación está afectando a su vida familiar. “Mi mujer está en tratamiento por
ansiedad, no tenemos un momento de paz “…” el otro día Javier la amenazó con
unas tijeras, y el caso es que luego es un niño, que de verdad, demanda mucho
cariño”, “ya no sabemos qué hacer con él”… “Estoy harto de que me digan que mi
hijo tiene que madurar”.
En el colegio, sus profesores
comentan que es muy difícil captar su atención, son continuas sus
interrupciones en clase, molesta a sus compañeros e incluso cuando está sentado
no para de moverse. Javier presenta las tareas desordenadas, con mala
caligrafía y sin terminar, su rendimiento académico es bajo y no ha adquirido
las habilidades básicas para un niño de su edad, sus resultados en matemáticas
y lengua son insuficientes. Además, en el recreo siempre acaba castigado por su
agresividad con otros compañeros.
Alba es una niña de 5º de
primaria. Sus padres y profesores están de acuerdo en una cosa, es una niña muy
buena y tranquila. Sin embargo… se distrae mucho en clase, no sigue las
explicaciones porque “está siempre en Babia” dice su tutora. Tiene problemas en
cálculo, lectura y escritura: omite sílabas al leer y escribir, confunde
fonemas, los grupos consonánticos como tr/br/rr son muy difíciles para ella, es más lenta que el
resto de sus compañeros, y además se muestra muy tímida e insegura en su
relación con los demás. Su padre afirma que “está siempre en las nubes” y
parece no escuchar cuando le hablan.
Javier y Alba tienen
comportamientos y conductas típicas de los niños con rastorno por déficit de
atención con hiperactividad (TDAH). Javier con predominio de la hiperactividad
e impulsividad y Alba con predominio del déficit de atención.
El TDAH es un trastorno
neurobiológico que se caracteriza por tres síntomas claves: el déficit de
atención, la hiperactividad, y la impulsividad tanto cognitiva como conductual.
Actualmente es el trastorno con mayor incidencia en la población infantil.
Reconocer el problema y ponerse en manos de profesionales es el primer paso
para poder ayudar a los alumnos que como
Javier y Alba presentan un déficit en el rendimiento académico que afecta a su
autocontrol, a su autoestima y a su comportamiento con los demás.
Identificado el problema, sólo
hace falta paciencia, tranquilidad y seguir unas pautas de comportamiento en colaboración
con padres y educadores para que con la ayuda de las estrategias adecuadas
estos niños puedan mejorar.
Si bien es cierto que los
maestros a veces detectan este trastorno, es el profesional que conoce el tema,
el que tiene que realizar el diagnóstico, bien sean psicopediatras o
neuropediatras. A veces, los pediatras son un pilar fundamental en la detección
y diagnóstico precoz del TDAH. Para realizar este diagnóstico es necesario recabar
información, por lo que se suele facilitar un test en el que tanto el niño como
los padres y maestro/ tutor responden a una serie de cuestiones que
establecerán las capacidades y limitaciones del niño.
Tras el diagnóstico es importante
actuar cuanto antes. El tratamiento que ha demostrado más efectividad es el que
combina el tratamiento farmacológico (estimulantes del cerebro) con el
psicológico y psicopedagógico.
Javier y Alba no son casos
hipotéticos (tan sólo su nombres son ficticios), son alumnos de mundoclases
cuyos padres acudieron a nosotros preocupados por el bajo rendimiento escolar y
el mal comportamiento de sus hijos. Se sentían impotentes ante actitudes como:
“tu hijo lo que tiene es falta de madurez, hay que esperar a que crezca…, “sólo
es un niño vago y travieso” o “no muestra el más mínimo interés en las clases,
siempre está en su mundo”.
Ahora, los padres de Javier saben
que el problema no es su hijo si no el TDHA que presenta. “Desde que mi hijo
está recibiendo el tratamiento ha cambiado tanto, que no parece él, hay una
tranquilidad en casa que antes era impensable y su tutora está muy contenta con
su actitud y rendimiento en clase” confiesa la madre de Javier. Tras el
diagnostico de TDAH, Alba está recibiendo la atención que necesitaba; su
asiento está más cerca de los profesores para evitar que pierda la
concentración, tanto sus padres como sus maestros reconocen el esfuerzo que
tiene que hacer para superar sus dificultades por lo que elogian inmediatamente
y de forma sincera sus logros, lo que ha ayudado a cambiar la idea negativa que
tenía de sí misma, mejorando su autoestima.Ahora es una niña más sociable,
ya no la ven tanto como “la pasota” de la clase o “la rarita” que no habla con
nadie.
Quizás vosotros os encontráis en
situaciones parecidas a las descritas anteriormente, por eso es importante que
sepáis que el TDAH presenta tres síntomas típicos: déficit de atención,
impulsividad e hiperactividad motora y/o vocal .Pero no todos los niños/
adolescentes con TDAH presentan todos los síntomas, se trata de un grupo muy
heterogéneo. Sólo se identificará como un trastorno cuando estos síntomas o lo
comportamientos que se deriven se observen con mayor frecuencia e intensidad
que en los niños / adolescentes de igual edad e interfieran en la vida
cotidiana en casa, el colegio y su entorno en general.
Ser inquieto no es sinónimo de
hiperactivo. Hoy en día, existe una cierta tendencia a etiquetar como
hiperactivos a los niños que no se ajustan a nuestras expectativas, cuando la
realidad es que cada vez soportamos menos la conducta irregular. Nos gustan los
niños despiertos y curiosos pero hasta un cierto punto, luego ya nos incomodan
y nos hacen sentir insatisfechos. Muchas veces tenemos en casa a un niño
“sobreactivo” no hiperactivo, que nos está demandando una atención que no
recibe por causa de las prisas, los horarios laborales o la falta de unas normas
de comportamiento y límites claros que el niño pueda aprender a respetar y así
crear en él unos buenos hábitos. ¿Quién no ha tenido que repetirle a su hijo
cinco veces las cosas para que obedezca? (Si es que obedece), ¿qué madre/padre
no ha sufrido alguna vez una conducta desafiante o rebelde al contrariar a su
niño? Reconozcamos que no siempre somos capaces de seguir su ritmo y además, no
podemos olvidar que el que un niño no atienda en clase o le cueste concentrarse
puede deberse a otras causas como: cansancio por exceso de actividades
extraescolares, no dormir las horas suficientes, aburrimiento por el método
seguido en las clases, tareas demasiado largas para su edad, inmadurez…
Ante la duda, consultad el
problema con un profesional. Conocer el trastorno ayuda a superarlo. Es
importante pues, un diagnóstico correcto y precoz que ayude a los padres y
educadores a saber cómo actuar con quien lo padece. El futuro de vuestros hijos
está en juego.

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